domingo, 18 de mayo de 2014

LA MARINA - Un salto del S.XIX al S. XXI

LA MARINA - Un salto del S.XIX al S. XXI


Finales del S. XIX (1874-1900)
Desde que han comenzado las obras de "La Marina", y me refiero a las obras emprendidas en el Siglo XXI y no a las ejecutadas por nuestros antepasados hace más de 100 años; se han escrito ríos de tinta; la historia de ese punto cardinal es una historia en la que se entremezclan incompetencias, vergüenzas y últimamente celos y recelos, envidias "Olívicas",  profesionales y políticas, así como acertados enfoques de previsión de futuro.

Hasta hace tres años en ese lugar tan emblemático y angosto de nuestro istmo teníamos una excavación, con fallos de planificación por doquier, una obra aparentemente firmada hacía muchos más años aún, que carecía de las más elementales autorizaciones para comenzarla con mínimas garantías de viabilidad y con objetivos todavía en fase de debate en los despachos de María Pita. 

2011
Así pues habían transcurrido casi dos lustros, con una cantera desordenada a escasos metros del edificio municipal, estaban a la intemperie las piedras de nuestra historia, una trinchera que con el paso de los inviernos se convirtió en foso y estanque abandonado, vergonzosamente expuesto a las miradas de nuestros visitantes y a la nuestra propia, cual símbolo de incompetencia, falta de previsión e incapacidad de gestión.

Hace un par de años, después de enderezar la cuestión administrativa que hasta entonces nadie había logrado abordar con acierto, se comienza la obra reconduciéndose con visión de futuro, con visión global, resolviendo con espíritu transversal otros problemas que atañen no solamente a esa fachada marítima tan exigida durante siglos y siglos, sino también teniendo en cuenta que existe vida más allá de los Cantones y de La Marina, existe Monte Alto, existe Adormideras y está la Torre de Hércules, en el extremo Norte de un litoral que no dispone de acceso rodado alternativo por el lado Sureste de nuestra península, por lo que el paso del Parrote debía mantenerse.

Con la obra planteada en un istmo de no más de 350 m., que ya antaño se había ido configurando artificialmente en nuestra ciudad, lo cierto es que se conecta tanto lúdica como funcionalmente, Linares Rivas con una emblemática zona como la del Castillo de San Antón, que dicho sea de paso no se había dignificado como se merece a pesar de lo mucho que le debemos (y también a las murallas y puertas de su entorno)


Se crea una alternativa para que el movimiento de los coches no se realice por La Marina. Y esa evolución que algunos discuten tanto ahora, es lógica continuidad de lo ya iniciado por nuestros antepasados en el Siglo XIX para resolver las necesidades de espacio de la ciudad, creando una zona polivalente en el vestíbulo de nuestra Ciudad Vieja, a la que ahora se podrá acceder de nuevo y sin ahogos, a través de la cl. de Santo Domingo, como primera alternativa a las escarpadas escaleras del promontorio rocoso sobre el que se asienta la Ciudad Alta que repelió el ataque de Drake; y todo ello delante de nuestras galerías, fachada de cristal iniciada (no sin resistencias) también en el último tercio del siglo XIX, poco antes de ganarle espacio al mar creándose la actual dársena. 



Y esto cuesta, claro que cuesta, a nadie escapa que las obras cuestan, como también cuesta conectar por fin el Castrillón abriendo las calles que le faltaban o asfaltando pavimentos por toda la ciudad, y nadie cree que eso deba demorarse, ni eso ni actuar en el Parrote y La Marina, en dónde hasta hace bien poco había un cráter por el que nuestra María Pita nos pondría a todos colorados... o nos daría adoquinazos.


Así pues, menos hablar por hablar, lo cierto es que el número de manifestantes que últimamente acostumbran a reunirse por allí, ni siquiera superan al número de personas que directa o indirectamente están trabajando en una obra que recuperará una explanada que ha sido ejecutada por nuestros antepasados en el Siglo XIX, modificándose posteriormente su caracterización urbanística a lo largo del Siglo XX, para adaptar ese espacio a la catarsis de nuevas necesidades que se fueron apilando; cuestión que ahora debemos reconducir por motivos obvios (sostenibilidad, turismo, eficiencia, optimización de espacio, seguridad, acceso a los vecinos de la parte Norte) y dentro de una estrategia global que tiene caminos críticos. Uno de esos caminos es recuperar esa alfombra vital, pero pronto vendrán otros vientos, por lo que hay cosas que no deben demorarse, máxime cuando se cuenta con la ayuda económica e implicación de otras administraciones como parece ser es el caso.-


















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