sábado, 10 de diciembre de 2011

Aparecen en Cementerio de Oza dos panteones con piezas únicas de Sargadelos

http://www.lavozdegalicia.es/coruna/2011/12/10/0003_201112H10C9991.htm
Aparecen en Cementerio de Oza dos panteones con piezas únicas de Sargadelos
El cementerio de Oza guardaba un tesoro para la ciudad. Nadie se percató de que escondía dos lápidas con los cuerpos de descendientes directos de la familia Sargadelos, pero mucho menos se esperaba que dichas tumbas contasen como elementos decorativos con piezas de la marca no descubiertas hasta ahora. 

Y es que este hallazgo de la asociación Bardos Cultural supone la aparición en A Coruña de las únicas figuras de Sargadelos fabricadas con hierro fundido.

La historia de la firma se remonta dos siglos atrás, entre los años 1790 y 1794. Su impulsor fue Antonio Raimundo Ibáñez, Marqués de Sargadelos, que dejó el legado familiar a su hijo José. Alrededor de 1865 existieron pleitos familiares entre los Ibáñez, por lo que se cerró la fábrica diez años después. Pero antes, Solórzano Ibáñez había traído a la zona de Monelos a los maestros fundidores de Sargadelos. De su legado son dos de los sepulcros que alberga el cementerio de Oza con restos de familiares del marqués. Próximos a ellos hay otros tres panteones de forja de los Solórzano, pero no son obra de los fundidores de Sargadelos. Los dos sepulcros citados presentan dibujos en relieve entre los que destacan cruces de importantes filigranas y pequeños ángeles. La primera de estas tumbas contiene los restos de Petra Martínez Mosquera y data del 16 de octubre de 1877.

El fundador de la fundición Solórzano, Fernando Solórzano, se casó con Josefa Ibáñez y fruto de ese enlace nacería Manuel Solórzano Ibáñez. Su panteón fue descubierto precisamente al tratar de documentar la genealogía del médico Rodríguez, último alcalde de Oza. Tanto Fernando Solórzano como su hijo Manuel se encuentran enterrados en el camposanto, y su sepulcro contiene a su vez otras dos lápidas de mármol del año 1894 que completan estas tumbas ya bautizadas como «las sargadelas».

La Cruz de los Olvidados
Pero el cementerio de Oza todavía se guardaba un as en la manga. Forma parte de su patrimonio artístico su Cruz de los Olvidados, datada, según Bardos Cultural, entre 1880 y 1890. De mármol blanco, sus relieves están perfectamente definidos. No obstante, su base quebrada y torcida supone un riesgo de desplome para la pieza. Nada menos que este gran patrimonio se callaba el cementerio de Oza, a sabiendas de que ningún otro camposanto de la ciudad cuenta con algo parecido.

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